:)El café toma un aspecto distinto. A los reflejos amarillos de los mecheros se incendian las lunas venecianas de los espejos, se alentejuelan de chispas de oro los vidrios de las botellas, se satinan las maderas de los asientos, se congestionan los rostros de los mozos y se les emperlan las frentes de sudor. Las mesas empiezan a ser ocupadas. Detrás del mostrador, los dependientes se ocupan en destapar botellas, dentro de las cuales fulguran el oro quemado del cognac, el ambarino de la cerveza, el nevado del anís, el rosado del curazao que, al caer en los vasos, esparcen sus perfumes en la sala, formando una atmósfera en la que flota incesantemente el humo de los tabacos.
Que increible ambiente y que nostalgia burguesa¡¡¡